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En la vida se trata de ganar. Ganar siempre y todo lo que puedas. Para mí eso es muy cierto. No solo en los negocios, es en la vida entera. Estamos en este plano para sacar el máximo beneficio de todo lo que nos rodea y acumular el mayor de los resultados. De verdad, así pienso.

Sin embargo, imagino que a medida que vas leyéndome pudieras estar asintiendo en señal de aprobación; también es posible que pudieras llegar a pensar que tengo razón pero no tanta, e incluso, pudieras no estar de acuerdo en nada de lo que digo.

Todo es válido.

Si yo fuera tú, en otro momento de mi vida, me cuestionaría severamente. Diría que soy un explotador, abusivo, egocéntrico, individualista, que solo pienso en mí y en más nadie. Diría que lo quiero todo para mí y el resto que se “jodan”. Me acusaría de estar gobernado por la avaricia y la codicia. ¿Te suena?.

En una actividad que simula el mundo de los negocios, que también es usado para representar el juego de la vida y que forma parte de la Formación Gerencial que dirijo, el comportamiento dominante, casi inconsciente, del grupo de jugadores está marcado por acumular el máximo de los “puntos” posibles… y eso está bien. El problema surge cuando para ganar incluyes en la ecuación que el otro debe perder.

En la clase del Módulo Cinco del PHGO (Programa de Herramientas Gerenciales OnLine) pusimos a correr la simulación y aunque la mayoría apostó a buscar ganar TODOS, un pequeño grupo entendió que ellos debían ser los únicos que debían ganar. Al final, ganaron más “dólares” que el resto al que dejaron en ruinas. El triunfo iluminó sus caras hasta que se dieron cuenta que había una forma “ecológica” de ganar todos. Una forma en las reglas del juego que ellos ignoraron por no tomarse el tiempo de reflexionar.

Insisto, tenemos grabado en los “tuétanos” que para ganar el otro debe perder. Esa es la lógica de los deportes. Un equipo gana y otro pierde. Es así. Por tanto, para ganar hay que prepararse y competir. En el terrero de juego nos vemos para ganarTE. Fíjate cómo lo digo: no es ganar, es ganarTE. Y la emoción está en asegurar que el otro pierda.

El problema es cuando ese comportamiento muy legítimo del deporte lo llevo a la vida, lo llevo a los negocios, lo llevo a las relaciones. Si entendemos que debemos competir, viviremos la vida desde la lucha y defensa constante. De ser así, terminaríamos todos destruidos. Afortunadamente ante la Ética del Competir, también existe la Ética del Cooperar.

Y el nuevo liderazgo lo sabe. La nueva gerencia lo está entendiendo. Ya se sabe que el “ojo por ojo y diente por diente” nos dejará a todos sin ojos y sin dientes. Ese viejo adagio que dice que tu “Libertad termina donde comienzan los derechos del otro”, empieza a ser escuchado de nuevo ante tanto “canibalismo” y daño que nos estamos haciendo. El “ubuntu” cobra fuerza.

Para cerrar, vuelvo al inicio.

En mi vida trato de ganar siempre la mayor cantidad de bienestar, salud y relaciones amorosas. Trato de ganar la mayor cantidad de negocios posibles desde la cooperación. He entendido que las ganancias solo son ganancias si dejan buen sabor en mi alma.

He entendido que la honestidad es altamente rentable sobre todo en el largo plazo. Que el ladrón corrupto tendrá dinero y también mi desprecio. Con el tiempo he aprendido que las “tragedias” me hacen ganar experiencia y fortaleza.

Es verdad que estoy en este plano para fomentar empresas perdurables donde la cooperación, la disposición, el entendimiento, que favorezcan la mayor generación de riqueza y bienestar, sin dejar “muertos” en el camino.

De ahí mi ya afamada Ecuación Gerencial… Obtener el MÁXIMO de los resultados posibles, con el MÍNIMO desgaste / esfuerzo / desperdicio, y la MÁXIMA de la satisfacción de las personas involucradas.

Es hora de cerrar este escrito y me voy con la satisfacción de tener ese alerta en mi vida “Gana todo cuanto puedas sin hacer daño”.

Déjame tu comentario. Sabes que los respondo todos.

 

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