Qué difícil es Escuchar…

by Eduardo Martí


Voy en el avión que me lleva a Perú para hacer conexión con Paraguay donde estaré dirigiendo el Foro de Liderazgo el próximo lunes. En el avión ya casi todos duermen y la película que proyectan no es de mi interés. Surge la pregunta que casi siempre me hago en situaciones como ésta: ¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo ahora?. Hacer nada, dormir, simplemente oír música, leer… hay tantas cosas. Pero lo que realmente surgió con fuerza, fue escribir mi reciente experiencia.

Vengo de República Dominicana donde estaba haciendo coaching ejecutivo en una prestigiosa empresa, que desde hace algunos años acompaño. Me encanta ver como cada vez hay más directivos conscientes que necesitan revisar la manera cómo están haciendo las cosas y sobre todo, pedir la mirada prestada de una persona para que los observe, les muestre posibilidades y los confronte con aquello que les cuesta ver.

Una de las sesiones más ricas que tuve en este viaje, fue con una joven y brillante directora de ventas en donde su esfuerzo principal lo está enfocando en aprender a escuchar a su personal.

A principios de año, ella junto a otros directores de la empresa, se prestaron para una evaluación 360 grados. En los resultados salió reflejado una fuerte debilidad para escuchar y se desprendía casi un reclamo de su gente por sentir que sus ideas no son tomadas en cuenta.

Mientras revisábamos el reporte de la evaluación, ella se sorprendía del peso que tenía ese aspecto. Recuerdo que me dijo que “estábamos muy grandotes para aprender a escuchar”, “si no lo hiciéramos bien, no estaríamos donde estamos”. No es fácil llegar a puestos de dirección sin una buena escucha. Mary Fernández, mi amiga y compañera por más de 20 años en FORJA Consultores, publicó un interesante artículo que vale la pena leer sobre la Escucha Gerencial.

Siguiendo con mi sesión de coaching, ella consideraba que era buena gerente y éso era una verdad. Yo le creí su verdad. Sin embargo, la desafié a que se observara por un mes cómo está haciendo su escucha. Le pedí que observara adultamente cuáles eran sus pensamientos mientras estaba reunida con sus gerentes. Le pedí que sólo concentráramos el ejercicio en las cuatro personas que le reportan directamente. ¿Qué te pasa por la mente mientras el otro habla?… y lo anotas en tu libreta. La idea es que en nuestra próxima reunión podamos ver esas anotaciones y conversemos sobre ello.

Yo le recordaba en la distancia el ejercicio por Skype y pasó lo que tenía que pasar: si bien se le olvidaba muchas veces hacer el ejercicio, llegó a tomar unas notas muy interesantes. Tuvimos nuestra reunión ayer, y lo que te quiero comentar tiene que ver con el resumen de su ejercicio. Estoy seguro que en algunas cosas podrás sentirte muy identificado.

Primero que nada, se sorprendió que a estas alturas tenga que aprender a escuchar bien. Trató de contabilizar cuántas pérdidas pudo haber acumulado por su incompetencia. Le fue sencillo imaginar cómo ha estado dejando pasar buenas ideas por no detenerse a escucharlas. Igualmente se dio cuenta del malestar silencioso que su personal ha experimentado al ser ignorado y cómo deben haber dejado de contribuir por ella no tener una buena escucha.

Le llamó la atención que su principal problema era la impaciencia. En esos momentos se observaba apurando a la gente y mandándolas a callar para ella poder hablar.

Otro descubrimiento para ella fue pillarse siempre apurada. No hay tiempo para perder, y ella tenía que perderlo quedándose callada. Ella sabía lo que había que hacer y rápido. “Escuchar es una perdedera de tiempo“, se decía en silencio.

También observó su arrogancia y soberbia cuando se daba cuenta que desconocía las ideas de su gente porque consideraba que las suyas eran las mejores.

Ella era la jefe y por lo tanto los demás eran los que tenían que escucharla. En éso se fundamentó su poder. Si escuchaba a la gente y se hacía lo que ellos decían, ¿cuál era su sentido como gerente?.

Finalmente sintió que vivía en una eterna lucha de poder. Tenía que mostrase siempre ganadora y la sensación que le daba escuchar, era que perdía. De hecho, una mejor idea que la de ella, la asumía como una derrota y eso la apenaba. “Si la escucho me puede convencer”.

Empiezo a cerrar este escrito pidiéndote que hagas el mismo ejercicio. Si lo haces, espero que me reportes aquí: ¿qué es lo que te pasa por la mente mientras escuchas a alguien? Esa persona puede ser tu hijo, tu pareja, tu colaborador, tu compañero de trabajo…

También te quiero pedir que me dejes algunos tips y recomendaciones para aprender a escuchar. Así puedo sumarlos y hacer una nueva publicación con tus aportes muy pronto.

Sin duda, ha sido un buen uso de mi tiempo en este avión. Espero que coincidas conmigo. Déjame tu comentario, sabes que los contesto todos.

 

Publicado el 25 Julio 2011 en la categoría Efectividad, Gerencia
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{ 8 comments… read them below or add one }

HERIBERTO AVALOS Enero 5, 2017 a las 11:38 am

Hola Eduardo, me agrado tu articulo sobre el tema de “No más deseos para el año nuevo”.
Tienes toda la razón al respecto y aunque sabemos que hay una gran diferencia entre deseo y propósito, lo olvidamos y caemos en el mismo error. creo que el problema puede estar en que las personas no estamos acostumbrados o no sabemos desarrollar planes y ponerlos en practica. Y cuando lo intentamos caemos en el error de darle prioridad a lo urgente y no a lo importante.

Te mando un abrazo y aunque se lea contradictorio, “”””DESEO””” que el Señor JESÚS te siga bendiciendo grandemente en tu vida. Que DIOS te siga usando para compartirnos tu conocimiento tan importante para todos. Atte. Heriberto

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Eduardo Martí Enero 6, 2017 a las 2:20 pm

Amén Heriberto
Un gran abrazo para ti también

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Tatiana Junio 24, 2013 a las 8:27 pm

Excelente Eduardo, en mi día a día practico la escucha activa como la llamo yo, soy estudiante de Terapia Gestalt y es una experiencia maravillosa la cual he desarrollado durante estos últimos 4 años , es escuchar con todos los sentidos, observar los gestos y la postura corporal del otro, lo que dicen sus silencios y los metamensajes ocultos en las frases.
Sin duda que no es una terea fácil, a mi me ayudo mucho escuchar música, no como todos las escuchamos sino, analizando sus letras prestando atención a los mensajes y parafraseando sus letras, es una experiencia divertida de desarrollar la escucha y otra es de manera consiente dedicarme a escuchar me digo… voy a escuchar el mensaje que este ser humano tienen para mí.
Si nosotros comprendiéramos que escuchando aprendemos más que practicaríamos mas el silencio activo…. Saludos.

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Eduardo Martí Julio 2, 2013 a las 7:40 am

Me gusta lo del silencio activo. Me gusta como relatas tu experiencia para aprender a escuchar. Me gusta como mencionas los beneficios. Que bueno que tienes tanta claridad y conciencia. NO es fácil pero es muy gratificante. Besos Tatiana

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israel guerrero Junio 14, 2013 a las 10:32 pm

Saludos Sr Eduardo, al final de tu articulo que escribiste mediante tu viaje lo dejas todo muy claro. “El Tiempo es todo” puedes comprar lo que se te antoje pero menos ese factor. Cuando entablamos una conversacion lo estructuro de esta manera: de un 100%. En el 55% nosotros los seres humanos somos muy visuales, comemos con la mirada y el 45% restante lo tenemos en el ESCUCHAR y el desenvolvimiento que tiene la persona a la hora de hablarnos. Entonces para no estar pensando en pajaritos en el aire, sepamos distribuir nuestro tiempo y enfocarnos en cada actividad, nosotros vivimos a conveniencia (escuchamos los que nos compete pero jamas aceptamos lo negativo).

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Eduardo Martí Junio 23, 2013 a las 3:36 pm

Cuando haces este tipo de reflexiones es porque ya estas en el camino del cambio y la superación. Lo aprecio mucho Israel

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Freddy Trujillo Noviembre 9, 2011 a las 11:17 am

En mi concepto aprender a escuchar comienza con el silencio.

Desde hace más de 7 años medito una hora diariamente, actividad que ha resultado reveladora en mi vida porque me permite conectarme conmigo mismo, al comienzo para ahuyentar el torrente de ideas que suelen circular por la mente, luego para sintonizar con mi propio yo y después para poner la mente en blanco, algo que me ha servido para incrementar la paciencia y mejorar mi capacidad de escuchar, aunque algunas veces las ideas reverberen y sea difícil interpelar al interlocutor, pensando que si no lo digo en ese momento, la idea tomará vuelo sin regreso.

Resulta a veces irritante cuando la persona que está al frente no para de hablar, lo cual también es útil para conocerlo o conocerla mejor.

Aprecio mucho tus reflexiones, especialmente porque en ellas dejas ver tus debilidades y falencias, algo que muchos tratan de ocultar. Estoy convencido que aceptarlas es un paso hacia adelante que nos permite calibrar el ser humano que somos para superarlas, o al menos intentarlo.

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Eduardo Martí Noviembre 10, 2011 a las 10:00 am

Que bueno todo lo que comentas Freddy. Muy disciplinado de tu parte tener esa práctica diaria. No hay dudas en sus beneficios. Reconozco que yo he sido tan disciplinado. Tu me lo recuerdas. Gracias por ello.

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